PANORAMA DE LA PROFECÍA
By: Carlos Rabat
Este es otro aparte de mi libro Escatológico o de los eventos por venir llamado "El Propósito Perfecto" espero les guste y me den sus opiniones. Gracias.
LA IMPORTANCIA PROFÉTICA
“Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro...” (2ª Pedro 1:19).
Aunque la profecía constituye casi una tercera parte de la Biblia, su importancia constantemente es minimizada por aquellos que la hacen a un lado al decir que carece de significado práctico o por aquellos que objetan que es una moda pasajera que evita que miremos a Jesús. Apocalipsis 19:10 dice: “Porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía”. Así que, si se enseña correctamente la profecía, no hay razón para que nadie desvíe su atención de Jesús. De hecho, debería enfatizar la centralidad de Jesús.
¿Es práctica la profecía? Considere que todos los escritores de lo que comúnmente conocemos como Nuevo Testamento insisten que el estudio de la profecía motivará a una vida santa. ¿Qué podría ser más práctico que eso?
Lewis Sperry Chafer dijo: “No se debe olvidar que la profecía es la historia escrita de antemano por Dios, y que ella es, por lo tanto, tan digna de ser creída como lo son las otras partes de las Escrituras.” Recuerde que casi una tercera parte de la Biblia estaba en forma de profecía cuando las sagradas páginas fueron escritas.
Actualmente muchos de los escritos que eran profecía en su momento de escritura, hoy son un cumplimiento dentro de la historia del hombre. Mucho de la profecía bíblica se ha cumplido ya. Y en cada caso el cumplimiento ha sido la más literal realización de todo lo que se había profetizado. No olvidemos que la profecía bíblica y en sí toda la Palabra de Dios tiene un propósito y un fin específico y es el de “edificar, exhortar y consolar” al creyente (1 Corintios 14:3); a través de la enseñanza, la redargución, la corrección y la instrucción. “Edificar”en la enseñanza de Cristo, a los que desean recibir su Palabra y no la desprecian; “exhortar”, en seguir a la espera del encuentro del Cristo con su esposa, La Iglesia, viviendo una vida santa y justa ante Dios y, “consolar” a todos aquellos que esperamos la promesa del retorno de Jesucristo para darnos así el mayor consuelo que un verdadero creyente puede tener, la salvación para vida eterna.
Apocalipsis 1:3 declara: “Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ellas escritas; porque el tiempo está cerca”. Mucha gente ve la palabra profética de la Biblia como algo comparable una película sacada de lo más profundo de la ciencia ficción hollywoodense y esto ha creado cierta repugnancia a la profecía, pues se ve solamente como una narrativa épica de grandes monstruos, bestias y caos, pero, la verdad es que en las profecías bíblicas están contenidas las mayores y más grandes promesas de bendición y de victoria para todos los creyentes en Jesucristo. Es por eso, que la misma Escritura declara la dicha o gozo que puede llegar a alcanzar una persona que lee, oye y práctica la palabra profética.
¿PROFECÍA O COINCIDENCIA?
Nada de lo que sucede es al azar o a la suerte. Las cosas que vivimos no son el resultado de la casualidad, sino de la “causalidad”, el llamado efecto-causa.
Nuestra cosmovisión cristiana no es cíclica ni caótica, como la han querido mostrar muchos pensamientos filosóficos, por el contrario es lineal, por lo tanto cada evento es nuevo y no la repetición de uno pasado, ni es producto del caos.
Partamos de la base de las profecías cumplidas respecto al Cristo:
Algunas personas encogen sus hombros a las profecías bíblicas y dicen: “Todo es coincidencia”. ¿Coincidencia? ¿El cumplimiento de más de cien profecías?
“Bueno, las cumplió a propósito”, dicen otros. Es verdad que Jesús podría haber cumplido conscientemente algunas de las profecías sobre el Mesías. De hecho, en una ocasión parece que Jesús lo hizo cuando pidió un pollino para su último viaje a Jerusalem. El evangelista dice que esto lo hizo para que se cumpliese lo dicho por el profeta Zacarías, de que el Mesías vendría humildemente, cabalgando sobre un pollino (Mateo 21:1-7).
Pero, ¿puede un hombre cumplir a propósito profecías que se refieren tanto a su nacimiento como a su muerte?
Miqueas en el 700 a. C., profetizó que el Mesías nacería en el pequeño pueblo de Belén (Miqueas 5:2). Isaías predijo que nacería de una virgen (Isaías 7:14). Y Oseas dijo que el Mesías vendría de Egipto (Oseas 11:1), el lugar exacto a donde los padres de Jesús lo llevaron después de su nacimiento.
Jesús fue traicionado por treinta piezas de plata. ¡El profeta Zacarías hizo esa profecía quinientos años antes de que Jesús naciera! (Zacarías 11:13). David vio con anticipación que el Mesías iba a ser crucificado (Salmos 22:6), y eso sucedió mil años antes del nacimiento de Jesús y setecientos años antes del uso generalizado de la crucifixión por parte de los romanos.
¿Cómo podía Jesús cumplir con esas profecías a propósito? ¿Y cómo podría su cumplimiento ser una “coincidencia”? Más que coincidencias son incidencias directas del mismo Dios.
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